Octubre-Diciembre 2004
No. 5 Año 2


Política
Norberto Bobbio

Gaceta de Ciencia Política Número I, Año IV, Primavera-Verano 2004

Por José Fernández Santillán*

1.- Norberto Bobbio nació en Turín, Italia, el 18 de octubre de 1909. Está cumpliendo, pues, 90 años de edad. Para festejar este nonagésimo cumpleaños se ha organizado un evento académico en el que se darán a conocer varias novedades editoriales: Un número especial de la revista Teoría política titulado “Un siglo, un laberinto”. El libro de Michelangelo Bovero Norberto Bobbio: una teoría general de la política. El volumen colectivo a cargo de Luigi Ferrajoli, Derecho y democracia en la filosofía de Norberto Bobbio. La obra El oficio de vivir, enseñar y escribir, en el que se presenta un largo coloquio entre Pietro Polito y Bobbio. Por último, aparecerá editado el intercambio epistolar entre Bobbio y su maestro Gioele Solari con el nombre Una vida de estudios. La compilación de esta correspondencia corrió a cargo de Angelo d’Orsi.

Bobbio pertenece a una generación cuya fuerza moral parece ir acompañada por la fortaleza física. Varios de sus compañeros han llegado a una avanzada edad. Alessandro Passerin D’Entréves, Renato Tréves, Vittorio Foa, Franco Venturi, Sandro Pertini por citar tan sólo algunos ejemplos. No obstante, eso grupo de intelectuales y políticos, marcados para siempre por los ideales de la resistencia antifascista, de cierta forma, han tomado como figuras emblemáticas a dos miembros de esa misma generación, muertos trágicamente a temprana edad, durante los años de la lucha contra la dictadura de Mussolini. Me refiero a Piero Gobetti y Leone Ginzburg. Uno y otro fueron combatientes incansables en busca de una alternativa que en ese entonces, con el dominio del totalitarismo de derecha, parecía tan sólo un sueño pero que, a la postre, culminó con la victoria de la democracia. Antonio Gramsci dijo de Gobetti—con quien sostuvo una sincera amistad (no olvidemos que liberales y comunistas lucharon juntos, hombro con hombro, en las mismas trincheras contra el fascismo)--que si hubiese vivido más tiempo se hubiera convertido, por su relevancia, en el Marx del liberalismo. Al decir de Bobbio, Ginzburg era el más culto de todos ellos y el que más proyección hubiera tenido.

La trascendencia de lo que para Bobbio ha significado su generación, se muestra desde los primeros renglones de su autobiografía. Allí se lee: “En un momento dado de nuestra vida—los veinte meses que van del 8 de septiembre de 1943 al 25 de abril de 1945—estuvimos involucrados en eventos más grandes que nosotros. De la falta total de participación en la vida política italiana a la que nos había constreñido el fascismo, nos encontramos, por decirlo así, moralmente obligados a ocuparnos de política en circunstancias excepcionales, la ocupación alemana y la guerra de liberación. Nuestras vidas fueron sacudidas. Todos nosotros conocimos situaciones dolorosas: miedo, fugas, arrestos, prisión y la perdida de personas queridas. Por eso después ya no fuimos los de antes [1] .

De la pasividad de la vida privada a la actividad de la vida pública; del miedo a la represión a la lucha por la libertad; de un régimen unipersonal a la construcción de una república parlamentaria; del orden impuesto desde arriba a la creativa participación en la democracia; de la disciplina impuesto por una sociedad militarizada a la espontaneidad del pluralismo civil; del fanatismo a la tolerancia. El antes y el después de la generación de Bobbio tiene motivos e inspiraciones concretas. A la mitad del camino, en la lucha político-militar registrada en esos veinte meses, vino la profunda transformación cuyas repercusiones hasta hoy perduran en sus protagonistas y en la nación que ellos forjaron. Justamente a Bobbio también se le conoce con uno de los “padres fundadores”. Sus méritos políticos y académicos hicieron que en 1984 fuera nombrado Senador vitalicio. Se le considera como una especie de “conciencia moral” de su país.

Pues bien, hablando de valores morales es significativo que en uno de los libros dedicados a sus testimonios personales, es decir, Italia civil—el otro libro testimonial es Maestros y compañeros—haya escrito lo siguiente: “Los valores morales, a los cuales va mi preferencia, son los de actuar a favor de las causas justas sin ambiciones, de la coherencia y la intransigencia, de la firmeza, de la seriedad, del desinterés y de la abnegación, del rigor y la autodisciplina, de la humildad frente a la grandeza de la historia y de la insuficiencia de la propia tarea…Jamás he amado al héroe demasiado solemne: mi simpatía está con el héroe silencioso, en todo caso con el héroe desesperado. Leone Ginzburg y Piero Gobetti, para dar dos nombres simbólicos” [2] . He aquí confirmadas las dos figuras emblemáticas a las que hacíamos referencia. Son figuras que encarnan el compromiso moral en la política. Particularmente cuando se toma como referencia a la política de los valores y no a la política de los intereses.

Sólo así se comprende el profundo contenido moral—en el sentido laico del término--que envuelve la concepción democrática de Bobbio. Para él la democracia está lejos de ser tan sólo un conjunto de reglas del juego; por el contrario, ella es, al mismo tiempo, un conjunto de principios ideales. La democracia no es solamente un método, sino también una constelación de valores. En El futuro de la democracia enumera tales valores: la tolerancia, la no violencia, la renovación gradual de la sociedad mediante el debate libre de las ideas y la fraternidad. Bobbio toma en cuenta a la tolerancia, entre otros motivos, por los antecedentes de las guerras de religión y la amenaza, en nuestros días, de los fanatismos étnico-religiosos; la creencia ciega en la propia verdad y la fuerza para imponerla. La democracia es laica e ideológicamente pluralista [3] . Asimismo, toma en consideración la no violencia porque, apoyándose en Karl Popper, observa que la democracia es el único régimen político que permite cambiar a los gobernantes sin derramamiento de sangre; en la democracia se dirimen los conflictos sin recurrir a la fuerza física. La renovación gradual de la sociedad mediante el debate libre de las ideas es un propósito de la democracia porque de esa manera se asienta una forma de vida basada en el diálogo. En fin, la fraternidad es importante porque la democracia consiste en buena medida en tomar al otro no como un enemigo irreconciliable al que hay que destruir, sino como un individuo digno de respeto quien junto con nosotros forma parte de la comunidad política [4] .

2.- En este ensayo, que quiere compartir el festejo por los 90 años de Bobbio, deseo recordar que antes de 1985, fecha en la que publiqué mi primera traducción de sus escritos, este pensador piamontés era prácticamente desconocido en México. Sólo se sabía de dos libros escritos por él: El existencialismo (un debate con Jean Paul Sartre) publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1949, y ¿Qué socialismo? (en polémica con los comunistas) presentado por la Universidad Autónoma de Puebla en 1978. Había que llenar ese vacío, de manera que, luego de plantear junto con Bobbio y Bovero, a fines de 1983 en Turín, un programa de traducciones para difundir con mayor fuerza su obra, regresé a México y gestioné la publicación de ese programa. Poco a poco la gente se fue interesando en su obra hasta que alcanzó una notable aceptación. Debo confesar, al respecto, que me sorprendió el éxito que alcanzaron escritos como Origen y fundamentos del poder político, Sociedad y estado en la filosofía política moderna, La teoría de las formas de gobierno, Liberalismo y democracia además de Estado, gobierno y sociedad.

Siempre he tenido curiosidad por saber el motivo que llevó a Bobbio a tener tal resonancia en México y no otros autores europeos o norteamericanos que también han sido traducidos al castellano. Creo que ello se debe, en parte, a la feliz coincidencia entre un pensador riguroso, cuya mejor virtud es la de explicar de manera sencilla conceptos teóricos complejos, y el entonces naciente interés por la democracia como forma de gobierno alternativa al presidencialismo. Interés que, por supuesto, se ha incrementado sensiblemente.

Siendo Italia y México países tan diferentes, cuyos sistemas de gobierno son, incluso, contrastantes, se hubiera podido pensar que había pocos temas por compartir. Sin embargo, la democracia y los desafíos que encara son centrales en ambos países. Bobbio es uno autor que han estudiado a fondo la democracia y, al mismo tiempo, los peligros que ella enfrenta. Le ha interesado, particularmente, el análisis del poder que opera tras bambalinas, o sea, del “poder oculto”. En esta materia, él mismo lo admite, Italia ocupa uno de los primeros lugares en el mundo. México, de igual forma hay que aceptarlo, tampoco está lejos de esa deplorable condición.

Vale la pena, en consecuencia, dedicarle algún espacio a este asunto que está interesando y preocupando vivamente a la opinión pública: El poder oculto ha sido tratado por Bobbio en dos ensayos: “La democracia y el poder invisible” (incluido en el libro El futuro de la democracia) y “Democracia y secreto” (el cual forma parte de la antología Norberto Bobbio: el filósofo y la política) [5] . La tesis fundamental es que la democracia—valga el juego de palabras--es “el gobierno del poder público en público”. Donde, en el primer caso, “público” es contrapuesto a “privado”; en tanto que, en el segundo caso, “público” es contrapuesto a “secreto”. De manera que, la democracia, podría decirse, es el gobierno del poder político a la vista de todos los ciudadanos. La idea del Estado constitucional consiste en someter todos los poderes, sin excepción, a control y a la publicidad de sus acciones.

Los problemas comienzan cuando ciertas fuerzas, generalmente oligárquicas, se sustraen al control constitucional escondiéndose. Al actuar en la oscuridad los poderes ocultos evitan que el Estado y la opinión pública los frenen. Con toda razón se ha dicho que la existencia de tales poderes es uno de los grandes obstáculos para que la democracia opere como un régimen transparente.

Lo peor es que los poderes ocultos actúen en el seno mismo de las instituciones gubernamentales. Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido tanto en Italia como en México haciendo de la gestión de los asuntos públicos, en ciertos casos, un negocio privado de grupos delictivos. Con toda razón Elías Canetti afirma: “El secreto ocupa la misma médula del poder” [6] . La diferencia estriba, en todo caso, en que en Italia el poder oculto tuvo una respuesta contundente en la llamada “revolución de los jueces” que puso en la cárcel a un buen número de miembros prominentes de la clase política; en tanto que en México no ha habido una acción drástica que detenga la tropelías de los clanes político-mafiosos. Es más, en nuestra experiencia los poderes invisibles son—permítaseme la expresión-- extremadamente “visibles”. Tomemos como referencia el trabajo de Marco Lara y Miguel Badillo publicado por El Universal entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre en el que Mariano Acosta Piña, testigo presencial de los hechos, da cuenta pormenorizada de las reuniones de “negocios” entre altos funcionarios del sexenio pasado y jefes del narcotráfico. Cuando el Estado ha sido infiltrado hasta “la médula” por el poder mafioso y se hace poco o nada, es imposible que la democracia pueda avanzar. Sigue siendo válida la célebre frase de John Adams (1776): “La dignidad y estabilidad de un gobierno en todas sus ramas, la moral del pueblo y el progreso de la sociedad depende de una honrada y eficiente administración de justicia”. Hay que admitirlo: hoy por hoy, estamos lejos de cumplir ese principio.

La faceta simoníaca del poder refleja cada vez más nítidamente sus perfiles. Con argumentos fundados Sartori sostiene: “La política nunca ha sido, ni será probablemente inmaculada y la corrupción política no es nada nuevo. Pero la avaricia y la corrupción han llegado a niveles sin precedentes. En realidad la corrupción política ha llegado al punto en que corrompe a la política” [7] . La política corrupta y corruptora es un obstáculo para que salgan adelante la justicia y la democracia. Así pues, revertir el proceso degenerativo en marcha es una tarea pendiente.

Simple y sencillamente, es utópico pensar que se puedan dar pasos firmes a la democracia y al imperio de la ley si antes no se develan y castigan a los poderes ocultos. Hay que poner a la política de los valores por encima de la política de los intereses. Cierto, de los interéses más mezquinos que están ahogando a nuestro país.

Por estas y muchas otras razones que se podría esgrimir, vale la pena seguir leyendo a los buenos estudiosos de la política.



* El Dr. José Florencio Santillán es Director del Centro de Investigaciones en Humanidades del Tecnológico de Monterrey (campus Ciudad de México). Es discípulo y traductor de Norberto Bobbio con quien se recibió en junio de 1983 con una tesis sobre Hobbes y Rousseau.

[1] Norberto Bobbio, Autobiografia (a cura di Alberto Pappuzi), Laterza, Roma-Bari, 1997, p. 3.

[2] Norberto Bobbio, Italia civile, Lacaita, Fasano di Puglia, 1964, p. 7. Id, Maestri e compagni, Passigli, Florencia, 1984, passim.

[3] En otro lugar Bobbio enlistó las que considera las virtudes de los laicos: “el rigor crítico, la duda metódica, la moderación, no prevaricar, la tolerancia, el respeto de las ideas ajenas, o sea, virtudes mundanas y civiles”. “Congedo”, en Luigi Bonanate y Michelangelo Bovero, Per una teoria generale della politica, Passigli, Florencia, 1986, p. 253.

[4] Norberto Bobbio, Il futuro della democrazia, Einaudi, Turín, 1991, pp. 29-30. Traducción al español Id. El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1992, pp. 30-31.

[5] Para el tema del poder oculto, además de apoyarme en los ensayos ya señalados, echo mano de las ideas de Piero Meaglia expuestas en su libro Bobbio e la democrazia (Le regole del gioco), Edizioni Cultura della Pace, Florencia, 1994. En especial en el capítulo VI dedicado precisamente al poder invisible, pp. 107-134.

[6] Elías Canetti, Masa y poder, Muchnik, Barcelona, 1994, p. 304.

[7] Giovanni Sartori, Ingeniería constitucional comparada, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p. 161. En el mismo tenor Silvio Belligni ha escrito lo siguiente: “que hoy más que nunca la actividad gubernativa obedezca por todos lados, en todas sus manifestaciones y en todos sus niveles, a lógicas particularistas, mercantiles, fraudulentes y que el fenómeno de la corrupción (en sentido lato) represente un aspecto no sólo inevitable, sino orgánicamente esencial, ha ganado con toda evidencia posiciones respecto del pasado”. Il volto simoniaco del potere (Scritti su democrazia e mercati di autoritá), Giappichelli, Turín, 1998, p. 24.

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